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Trios Bi Xvideos Hechos Realidad

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Trios Bi Xvideos Hechos Realidad

Era una noche calurosa en el depa de Polanco, de esas que te pegan el cuerpo a las sábanas como si fueran miel derretida. Yo, Alex, acababa de llegar del gym, con el olor a sudor fresco todavía pegado a la piel, y Ana, mi morra, ya estaba recostada en la cama, con el laptop abierto y esa sonrisita pícara que me volvía loco. "Ven pa'cá, güey", me dijo con esa voz ronca que siempre me ponía la verga dura al instante. Llevábamos meses hablando de experimentar, de romper la rutina con algo más chido, y esa noche, el tema salió solo.

Ana abrió Xvideos, y ahí nomás, en la barra de búsqueda, pusimos "trios bi xvideos". El pinche sitio se llenó de videos calientes: morras besándose con ganas mientras un vato las cogía por turnos, lenguas en todas partes, gemidos que retumbaban en los chiquetes. Yo me quité la playera, sintiendo el aire fresco contra mi pecho mojado, y me acosté junto a ella. Su mano ya estaba en mi short, apretándome suave. "¿Te late, mi amor? ¿Quieres que hagamos algo así?", murmuró, mientras el video mostraba a una chava chupando verga y panocha al mismo tiempo. El olor de su excitación empezó a flotar en el cuarto, ese aroma dulce y salado que me hacía babear.

¿Y si llamamos a Laura? Esa pendeja siempre anda coqueteando contigo, y sé que es bi. Sería como vivir un trio bi xvideos en vivo, pensé, con el corazón latiéndome como tamborazo en el pecho.

Ana rio bajito, su aliento caliente en mi oreja. Marcó el número de Laura, su amiga de la uni, esa morrita de curvas perfectas y ojos que prometían pecados. "¡Órale, carnala! ¿Vienes? Alex y yo estamos viendo trios bi xvideos y nos dieron unas ganas cabronas". Laura no se hizo de rogar; en media hora ya tocaba la puerta, con un vestidito negro que apenas tapaba sus chichis firmes y el culo redondo.

Acto uno: la bienvenida. Nos sentamos en la sala, con chelas frías sudando en la mesa de centro. El aire olía a perfume de vainilla de Laura mezclado con el humo de mi puro que acababa de encender. Hablamos pendejadas al principio, riéndonos de los videos que Ana seguía reproduciendo en la tele grande. "Mira cómo se comen mutuamente, ¡qué ricas!", exclamó Laura, cruzando las piernas y dejando ver que no traía calzón. Mi verga ya palpitaba, dura como piedra, y Ana lo notó, rozándome el paquete con el pie descalzo. La tensión crecía lenta, como el calor que subía por mi espinazo. Esto va a pasar, cabrón, no lo arruines, me dije, tragando saliva.

Laura se acercó primero, besando a Ana en la boca con una lengua juguetona que las hacía gemir bajito. Yo las veía, hipnotizado por el brillo de saliva en sus labios carnosos, el sonido húmedo de sus besos chupando aire. "¿Y tú qué esperas, pendejo?", me provocó Ana, jalándome por la nuca para unirnos en un beso a tres bocas. Lenguas enredadas, sabores a cerveza y deseo puro. Sus manos everywhere: Laura en mis chichos, Ana desabrochándome el short. El tacto de sus pieles suaves contra la mía áspera del gym era eléctrico, como chispas en la oscuridad.

Pasamos a la recámara, dejando un rastro de ropa tirada. Acto dos: la escalada. Yo estaba de rodillas en la cama king size, con Ana montada en mi cara, su panocha mojada goteando en mi lengua. Sabía a sal marina y miel, deliciosa, mientras lamía su clítoris hinchado. Laura se metió debajo de mí, chupándome la verga con maestría, su boca caliente envolviéndome hasta la garganta. "¡Ay, wey, qué rica tu verga!", jadeó, escupiendo saliva que corría por mis huevos. El cuarto se llenó de sonidos: slurps húmedos, gemidos ahogados, el crujido de las sábanas bajo nuestros cuerpos sudados.

Ana se corrió primero, temblando encima de mí, sus muslos apretándome la cabeza como tenazas. "¡Sí, cabrón, no pares!", gritó, mientras su jugo me inundaba la boca. Cambiamos posiciones; ahora Laura en cuatro, yo cogiéndola por atrás con fuerza, sintiendo su culo rebotar contra mi pelvis, piel contra piel en choques rítmicos. Ana se acostó debajo, lamiéndole la panocha mientras yo entraba y salía. Esto es mejor que cualquier trio bi xvideos, pensé, oliendo el mix de sexos: sudor ácido, panochas dulces, mi precum salado. Laura gemía como loca, "¡Más duro, Alex, rómpeme!", y Ana metía dedos en su culo, haciendo que se retorciera.

El corazón me iba a estallar, la sangre rugiendo en mis oídos, cada embestida un pulso de placer que me nublaba la vista. ¿Cómo carajos llegamos aquí? Pero no quería parar, esto era puro fuego mexicano, pasión sin frenos.

La intensidad subía. Me recosté, y las dos se turnaron cabalgándome. Ana primero, rebotando con sus chichis saltando, pezones duros rozando mi pecho. Luego Laura, más salvaje, girando caderas como en un baile de reggaetón. Se besaban encima de mí, lenguas y tetas frotándose, mientras yo las pellizcaba y metía dedos en sus anos húmedos. El olor era intenso: sexo crudo, sudor perlando sus cuerpos morenos, el mío brillante bajo la luz tenue de la lámpara. Gemidos se volvían gritos, "¡Córrete conmigo, mi amor!", suplicaba Ana, y yo sentía el orgasmo construyéndose, bolas apretadas, verga hinchada al límite.

Pero no solté aún. Las puse a las dos en 69, yo alternando: cogiendo a una mientras la otra lamía mis huevos. El tacto de sus lenguas en mi piel sensible, el calor de sus respiraciones jadeantes, todo me volvía loco. "Eres un dios, güey", murmuró Laura entre lamidas. La tensión psicológica era brutal: celos fugaces disueltos en placer compartido, esa conexión profunda de vernos vulnerables, expuestos. Ana me miró a los ojos, "Te amo, esto es nuestro", y eso me derritió más que cualquier roce.

Acto tres: la liberación. No aguanté más. Saqué la verga de Laura y las puse de rodillas frente a mí. "Abran la boca, putitas ricas", les dije juguetón, y ellas obedecieron, lenguas fuera, ojos brillantes de lujuria. Me pajeé furioso, el sonido de mi mano en la piel mojada retumbando, hasta que exploté. Chorros calientes de leche en sus caras, bocas, chichis. Ellas se lamían mutuamente, tragando y riendo, el sabor salado compartido en besos pegajosos. Yo colapsé atrás, pecho agitado, sintiendo el afterglow como olas suaves: músculos laxos, piel erizada, el aroma de semen y panochas flotando.

Nos acurrucamos los tres, cuerpos entrelazados, sudados y satisfechos. Ana en mi pecho, Laura en mi espalda, manos acariciando perezosas. "Mejor que cualquier trio bi xvideos, ¿verdad?", susurró Ana, besándome la sien. Laura asintió, "Chido total, carnales. Repetimos cuando quieran". El cuarto olía a nosotros, a victoria compartida. Reflexioné en silencio: esto no era solo sexo, era confianza, amor expandido. El corazón se me serenaba, pero la chispa seguía ahí, lista para más noches locas.

La luna se colaba por la ventana, testigo de nuestro secreto. Dormimos así, pegados, con promesas mudas de aventuras futuras. Mañana sería otro día, pero esta noche, éramos invencibles.

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