Relatos Eroticos
Inicio Trío Videos XXX Caseros de Tríos Prohibidos Videos XXX Caseros de Tríos Prohibidos

Videos XXX Caseros de Tríos Prohibidos

7533 palabras

Videos XXX Caseros de Tríos Prohibidos

Yo, Ana, nunca pensé que mi vida en este depa chido de la Roma en CDMX iba a dar un vuelco tan cabrón. Era una noche de esas calurosas de verano, con el aire cargado de humedad y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana entreabierta. Marco, mi morro desde hace dos años, andaba recargado en el sofá, con su playera sudada pegada al pecho musculoso, navegando en su cel como si nada. Yo traía solo un shortcito de algodón y una blusita holgada, sintiendo el sudor resbalarme por la espalda.

Órale, nena, mira esto, me dijo con esa voz ronca que me pone la piel chinita. Me acerqué, sentándome en su regazo, y vi la pantalla: videos xxx caseros de tríos. Eran unos clips caseros, grabados con el cel en mano, de parejas mexicanas como nosotros metiéndose en desmadres con un tercero. La chava en el video gemía como loca mientras los dos weyes la comían viva, sus cuerpos brillando de sudor bajo una luz tenue. El sonido de piel chocando contra piel, los jadeos ahogados y ese slap slap rítmico me hicieron apretar las piernas sin querer.

Marco me mordisqueó la oreja, su aliento caliente oliendo a chela Corona.

¿Qué tal si nosotros grabamos algo así, mi amor? Algo nuestro, bien casero y caliente
, susurró. Sentí su verga endureciéndose contra mi nalga, dura como piedra. Mi corazón latió fuerte, una mezcla de nervios y excitación me subió por el estómago. Neta, ¿estás hablando en serio? le pregunté, pero ya mi mano bajaba sola por su pecho, sintiendo los pelitos ralos y el calor de su piel.

La idea nos prendió como mecha. Llamamos a Luis, el carnal de Marco, un morro alto y atlético que siempre andaba coqueteando conmigo en las fiestas. Vive a unas cuadras, en la Condesa, y en diez minutos ya tocaba la puerta con una botella de tequila en la mano. ¿Qué pedo, compas? ¿Fiestón? dijo riendo, sus ojos cafés clavándose en mis chichis semiocultas por la blusa. Marco le explicó el rollo sin pelos en la lengua: queríamos grabar un trío casero, algo consensuado y chingón, pa'l puro desmadre y recuerdo. Luis se quedó callado un segundo, pero su sonrisa pícara lo delató. Si la Ana está de acuerdo, yo entro al quite, wey.

Ahí empezó todo. Nos echamos unos tragos de tequila, el líquido ardiente bajándonos por la garganta, dejando un sabor ahumado y dulce. La plática fluyó con doble sentido, risas nerviosas y miradas que se comían. Yo sentía el pulso acelerado en las sienes, el calor entre mis piernas creciendo como fuego lento. Marco me jaló a su lado en el sofá, su mano grande subiendo por mi muslo, rozando la piel suave hasta el borde del short. Luis se sentó enfrente, observándonos con hambre, su entrepierna ya abultada.

El beso empezó suave, Marco chupándome los labios con esa lengua juguetona que sabe a tequila y deseo. Sus manos me quitaron la blusa, dejando mis tetas al aire, los pezones duros como piedritas por el fresco de la noche. Luis se acercó, ¿Puedo? murmuró, y yo asentí con la cabeza, el corazón retumbándome. Su boca se cerró en mi otro pezón, succionando fuerte, el sonido húmedo chup chup llenando la sala. Olía a su colonia fresca mezclada con sudor masculino, un aroma que me mareaba de puro vértigo.

Esto va pa'l video, dijo Marco, encendiendo el trípode improvisado con su cel en la mesita. La luz roja parpadeó, grabando cada segundo de nuestro desmadre casero. Me recargué en el sofá, abriendo las piernas mientras ellos dos se arrodillaban. Marco me bajó el short despacio, exponiendo mi panocha ya empapada, los labios hinchados brillando de jugos. Qué rica estás, nena, gruñó Luis, metiendo un dedo grueso adentro, el roce áspero contra mis paredes internas mandándome chispas por la espina.

La tensión subía como olla exprés. Marco lamía mi clítoris con la lengua plana, círculos lentos que me hacían arquear la espalda, el placer eléctrico recorriéndome las venas. Luis me besaba el cuello, mordisqueando la piel sensible, sus dientes dejando marcas rojas. Yo gemía bajito al principio, ah cabrones, no paren, pero pronto los sonidos se volvieron salvajes, eco en las paredes del depa. Sentía sus alientos calientes en mi piel, el olor almizclado de mi propia excitación flotando en el aire, mezclado con el perfume de sus cuerpos.

Los jalé del pelo, queriendo más. Me puse de rodillas en la alfombra mullida, el piso fresco contra mis palmas. Frente a mí, dos vergas duras palpitando: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis larga y curva. Las tomé en las manos, la piel sedosa sobre el acero debajo, sintiendo las venas saltar al tacto. Las masturbé lento, viendo gotas de pre-semen perlar las puntas, oliendo ese sabor salado y varonil. Marco gruñó,

Chúpala, mi reina
. Abrí la boca, engullendo primero la suya, la cabeza llenándome la garganta, el sabor a piel limpia y sudor fresco explotando en mi lengua. Luis se la jalaba viéndome, hasta que lo cambié, succionando su verga con hambre, la saliva chorreando por mi barbilla.

El calor era insoportable ahora, nuestros cuerpos sudados chocando en un ballet de deseo. Me tumbaron en el sofá, Marco abriéndome las piernas como alas. Entró despacio, su verga estirándome delicioso, cada centímetro un glug glug húmedo que resonaba. ¡Qué chingón se siente! jadeé, mis uñas clavándose en su espalda ancha. Luis se posicionó atrás, untando lubricante fresco en mi culo, el gel frío contrastando con el fuego interno. Su dedo primero, explorando el anillo apretado, luego dos, preparándome. Yo temblaba, el placer doblemandándome el cerebro.

Cuando Luis empujó adentro, grité de puro éxtasis. Estaban los dos dentro, moviéndose en sincronía, uno entrando mientras el otro salía. Sentía cada embestida, las vergas rozándose separadas por una delgada pared, el roce infernal. El sofá crujía bajo nosotros, el aire lleno de gemidos guturales, sí sí más fuerte pendejos, el slap de carne contra carne como tambores. Sudor chorreaba por sus pechos, cayendo en mis tetas, el sabor salado cuando lo lamí. Mi clítoris palpitaba, el orgasmo construyéndose como tormenta.

Marco aceleró, sus bolas golpeándome el culo, Me vengo, nena. Luis gruñó detrás, Yo también, qué rico tu culo. Yo exploté primero, un tsunami de placer rompiéndome en olas, mi panocha contrayéndose alrededor de Marco, chorros calientes salpicando. Ellos se corrieron segundos después, chorros espesos llenándome, el calor inundante goteando por mis muslos. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

Después, recostados en la cama king size, con las sábanas frescas oliendo a lavanda, revisamos el video. Mira nada más estos videos xxx caseros de tríos que armamos, dijo Marco riendo, orgulloso. La pantalla mostraba nuestros cuerpos entrelazados, rostros de puro gozo, gemidos reales y crudos. Luis me besó la frente, Gracias por dejarnos entrar en tu mundo, Ana. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, empoderada por haber tomado las riendas de mi placer.

Desde esa noche, el video se convirtió en nuestro tesoro secreto, algo que revivimos en noches solitarias o juntos. Me hizo darme cuenta de que el deseo no tiene límites cuando fluye con confianza y cariño. Y quién sabe, tal vez grabemos más, siempre caseros, siempre nuestros.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.