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Descubriendo el Kamasutra de Trios

6904 palabras

Descubriendo el Kamasutra de Trios

Imagina que estás en una noche calurosa de verano en la Ciudad de México, en un departamento chido en la Roma, con luces tenues y música suave de fondo, un playlist de cumbia rebajada que te hace mover las caderas sin querer. Tú, , has venido a cenar con tus amigos Ana y Marco, una pareja que siempre ha sido la envidia de todos por lo bien que se llevan. Ana es esa morra de curvas generosas, piel morena que brilla bajo la luz de las velas, ojos negros que te tragan entero. Marco, alto, fornido, con esa sonrisa pícara que dice "neta, carnal, aquí pasa lo que queramos".

La cena ha sido de tacos al pastor jugosos, con piña caramelizada que te hace chupar los dedos, y unas chelas frías que bajan como agua bendita. Están los tres en el sofá, riendo de chistes pendejos, cuando Ana saca un libro viejo de una repisa. "Órale, miren esto", dice, agitando las páginas. Es el kamasutra de trios, una edición especial que compraron en un viaje a la playa, llena de ilustraciones exóticas y posiciones que parecen sacadas de un sueño húmedo. Tú sientes un cosquilleo en el estómago, el aire se carga de esa electricidad que precede a las locuras buenas.

Marco te mira de reojo, con esa ceja arqueada. "Wey, ¿y si lo probamos?" Su voz es ronca, juguetona, y Ana se ríe, pero sus pezones se marcan bajo la blusa suelta. Tú dudas un segundo, el corazón latiéndote como tambor en una fiesta de pueblo.

¿Neta? ¿Yo con ellos? Esto es de película, pero se siente tan chingón.
Asientes, y el ambiente cambia. Ana se acerca, su perfume a vainilla y jazmín te envuelve, mientras Marco apaga la música y enciende unas velas más.

El comienzo es lento, como el primer trago de mezcal que quema rico. Ana te besa primero, sus labios suaves y calientes, saboreando a cilantro y tequila. Su lengua danza con la tuya, explorando, mientras Marco observa, su mano grande masajeando tu cuello desde atrás. Sientes el calor de sus cuerpos presionando contra ti, el sofá hundiéndose bajo el peso. "Relájate, mi amor", murmura Ana en tu oído, su aliento cálido erizándote la piel. Desabrochan tu camisa, dedos ávidos rozando tus pezones, enviando chispas directas a tu entrepierna.

Te quitan la ropa con calma, reverencia casi, admirando cada centímetro de tu cuerpo. Ana gime bajito al ver tu verga endureciéndose, "Qué rica, wey", y Marco asiente, quitándose la playera para revelar ese pecho tatuado que huele a jabón y hombre. Tú los tocas, manos temblorosas al principio, explorando los senos firmes de Ana, pesados y cálidos en tus palmas, los músculos duros de Marco. El aire huele a arousal, ese musk dulce y salado que se mezcla con el aroma de la comida residual.

Abriendo el kamasutra de trios, eligen la primera posición: el triángulo entrelazado. Te recuestas en el sofá, Ana a horcajadas sobre tu cara, su panocha depilada rozando tus labios, húmeda y caliente, sabor a miel salada que te hace lamer con ganas. Marco se posiciona detrás de ella, su verga gruesa entrando en ella con un sonido húmedo, chapoteante, que resuena en la habitación. Sientes las vibraciones de sus embestidas en tu lengua, el sudor goteando de sus cuerpos al tuyo, salado en tu boca.

Esto es una puta locura, pero tan empoderador. Todos mandamos aquí, nadie es el pendejo del grupo.
Tus manos aprietan las nalgas redondas de Ana, guiándola mientras chupas su clítoris hinchado, hinchado como un higo maduro. Ella gime, "¡Ay, cabrón, sí así!", su voz quebrándose en jadeos. Marco gruñe, su ritmo acelerando, el slap-slap de piel contra piel como un ritmo tribal. Tu verga palpita sola, goteando precum que Ana recoge con los dedos y se lleva a la boca, mirándote con ojos lujuriosos.

La tensión sube como el volcán en erupción. Cambian a la posición del loto invertido del libro. Tú te sientas en el suelo mullido, alfombra persa que raspa suave tu piel. Marco te penetra por detrás, lubricado con gel que huele a coco, su grosor estirándote deliciosamente, un ardor que se convierte en placer puro. "¿Te late, carnal?", pregunta, y tú asientes, mordiéndote el labio. Ana se acomoda frente a ti, cabalgándote la verga mientras Marco te folla, sus cuerpos sincronizados en un vaivén hipnótico.

El sudor corre por sus espaldas, gotas que lames de la piel de Ana, salada y viva. Escuchas los gemidos entremezclados: los tuyos guturales, los de ella agudos como sirenas, los de él profundos como truenos. El olor es intenso, sexo crudo, feromonas que te marean. Tus bolas se aprietan, el orgasmo acechando, pero aguantas, queriendo más. Ana clava las uñas en tus hombros, dejando marcas rojas que arden dulce, "No pares, pinche rico". Marco acelera, su aliento jadeante en tu nuca, barba raspando tu hombro.

Internamente luchas:

¿Esto cambia todo? ¿O solo es una noche épica que recordaremos con una sonrisa pícara?
Pero el placer ahoga las dudas. Pasan a la rueda de tres, inspirados en otra página del kamasutra de trios. Ana de rodillas, tú follándola por detrás mientras ella chupa a Marco, un círculo perfecto de bocas y vergas y coños. Tus caderas chocan contra sus nalgas carnosas, el sonido obsceno llenando el aire, mezclado con slurps húmedos de su boca en él. Sientes su calor apretándote, paredes vaginales pulsando, ordeñándote.

La intensidad crece, pulsos acelerados latiendo en oídos, venas hinchadas en cuellos. Ana tiembla primero, su orgasmo explotando en gritos ahogados, "¡Me vengo, weyes!", jugos calientes empapando tus muslos. Tú la sigues, corriéndote dentro de ella con un rugido, semen caliente brotando en chorros que sientes palpitar. Marco se une, sacando su verga para eyacular en sus tetas, leche espesa que chorrea lenta, y Ana lo lame, compartiendo con besos entre los tres.

El clímax los deja jadeantes, cuerpos entrelazados en el suelo, piel pegajosa de sudor y fluidos. El afterglow es puro, respiraciones calmándose en sincronía, risas suaves rompiendo el silencio. Ana acaricia tu mejilla, "Gracias por esto, amor. Fue chingón". Marco te pasa una chela fría, brindando. Tú sientes una paz profunda, empoderado, conectado.

Se duchan juntos después, agua caliente lavando los rastros, manos jabonosas explorando de nuevo, pero tiernas. En la cama king size, se acurrucan, olores a limpio y sexo residual.

Esto no rompe nada; lo fortalece. Somos adultos, libres, jodidamente vivos.
La noche termina con promesas de más aventuras, el kamasutra de trios en la mesita como testigo. Mañana será otro día, pero esta memoria arderá eterna en la piel.

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