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Trio BDSM de Placer Incontrolable

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Trio BDSM de Placer Incontrolable

Estás en tu departamento en Polanco, con las luces tenues del skyline de la Ciudad de México filtrándose por las cortinas de cristal. El aire huele a jazmín de tu vela favorita, y sientes el pulso acelerado en las sienes mientras esperas. Hace semanas que chateas con Ana y Luis, una pareja abierta y experimentada que te han propuesto algo que te pone la piel chinita: un trio BDSM. Neta, nunca imaginaste que dirías sí tan rápido, pero la idea de entregarte a ellos, de jugar con límites consensuados, te moja entre las piernas solo de pensarlo.

Ana llega primero, con su falda corta negra que deja ver sus muslos firmes y un top de encaje que resalta sus tetas perfectas. Te abraza fuerte, su perfume dulce de vainilla invadiendo tus sentidos. Órale, qué guapa estás, carnala, dice con esa voz ronca mexicana que te eriza el vello. Luis entra detrás, alto y musculoso, con barba recortada y ojos que te desnudan. Lleva una bolsa misteriosa que hace ruido con cadenas y cuerdas suaves. Te besa la mejilla, su aliento cálido oliendo a tequila reposado.

Esta noche serás nuestra, pero todo en tus términos, ¿eh? Palabra de honor.
Asientes, el corazón latiéndote como tambor en fiesta de pueblo.

Se sientan en el sofá de piel, tú en medio, sintiendo sus cuerpos calientes pegados al tuyo. Ana te acaricia el brazo, sus uñas rojas dejando rastros leves que queman delicioso. Hablan de reglas: palabra segura "rojo" para parar, "amarillo" para pausar. Todo consensual, puro placer mutuo. Luis saca una botella de mezcal ahumado, sirven shots, el líquido ardiente bajando por tu garganta como fuego vivo. Ríen, coquetean, y sientes la tensión crecer, como el calor antes de una tormenta en el desierto sonorense.

Quiero verte atada, preciosa, murmura Ana, su mano subiendo por tu muslo. Te levantan, te llevan al cuarto. El colchón king size te recibe suave, las sábanas de satén fresco contra tu piel. Te quitan la blusa despacio, besos húmedos en el cuello que saben a mezcal y deseo. Tus pezones se endurecen al aire, y Luis gime bajito al verlos. Qué chingonas tetas tienes, dice, pellizcándolos suave hasta que arqueas la espalda.

Ana trae las cuerdas de seda roja, suaves como caricia de abuelita pero firmes. Te atan las muñecas al cabecero, no aprietan mucho, solo lo suficiente para que sientas la entrega. El roce de la cuerda en tu piel es eléctrico, un cosquilleo que baja directo a tu panocha. Luis te venda los ojos con una bufanda de seda negra, el mundo se oscurece y todos los sentidos se agudizan. Escuchas su respiración pesada, hueles su sudor mezclado con colonia masculina, sientes sus dedos explorando cada curva tuya.

El medio tiempo empieza con besos lentos. Ana lame tu oreja, su lengua caliente y húmeda haciendo que gimas. Así, güeyita, déjate llevar. Luis chupa tus tetas, mordisqueando los pezones hasta que duelen rico, un dolor que se convierte en placer puro. Sientes sus vergas duras presionando contra tus piernas, grandes y palpitantes. Te abren las piernas con cuidado, atándolas a los postes de la cama. Estás expuesta, vulnerable pero empoderada, porque sabes que puedes parar en cualquier momento.

Ana se sube encima, su chocha mojada rozando tu cara. Lámeme, pinche caliente, ordena juguetona. Obedeces, el sabor salado y dulce de su excitación inundándote la boca. Es como melón maduro mezclado con mar, y la chupas con hambre, sintiendo cómo tiembla encima tuya. Luis meanwhile, pasa pluma de hielo por tu vientre, el frío contrastando con el calor de tu piel, haciendo que contraigas los músculos. Baja más, roza tu clítoris hinchado. Gritas contra la panocha de Ana, el placer punzante como chile habanero.

Escuchas el chasquido de un fuete suave, de cuero nuevo que huele a fábrica fresca. Luis lo pasa por tus muslos, leves golpecitos que enrojecen la piel y mandan ondas de éxtasis a tu centro.

¿Te gusta, zorrita consentida? Dime que sí.
Sí, carajo, más, respondes, la voz ronca. Ana se mueve, frotando su clítoris contra tu lengua mientras Luis te penetra con los dedos, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas. El sonido húmedo de tu excitación llena la habitación, chapoteos obscenos que te avergüenzan y excitan a la vez. Sientes el olor almizclado de tres cuerpos en fiebre, sudor perlando tu frente.

La intensidad sube. Cambian posiciones, desatan tus manos pero te dejan vendada. Te ponen de rodillas en la cama, el colchón hundiéndose bajo tu peso. Ana se acuesta debajo, lamiendo tu chocha con maestría, su lengua danzando como en salsa de cadera. Luis te empuja la cabeza hacia su verga, gruesa y venosa, oliendo a hombre puro. La chupas profundo, saboreando el precum salado, garganta relajada por práctica solitaria. Qué buena chupadora eres, neta, gruñe él, agarrando tu pelo con firmeza pero sin dolor.

Ana mete un vibrador pequeño, zumbando como mosca en tequila, directo a tu clítoris. El placer es abrumador, ondas que te recorren desde los pies hasta la cabeza. Gimes alrededor de la verga de Luis, vibraciones que lo vuelven loco. Él se retira, te voltean boca abajo. Sientes el láparo de Luis entrando en ti despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Estás tan apretada, preciosa. Ana se posiciona detrás, untando lubricante fresco que huele a coco tropical, y mete un plug anal suave, vibrante. Doble penetración, llena hasta el tope, el roce interno te hace llorar de placer.

Se mueven en ritmo, como banda de mariachi sincronizada. Luis embiste profundo, su pelvis chocando contra tu culo con palmadas sonoras. Ana maneja el plug, girándolo para maximizar sensaciones. Tus paredes se contraen, el orgasmo construyéndose como volcán en Colima. Escuchas sus gemidos, ¡Córrete para nosotros, güey!, y explotas. El clímax te sacude, jugos chorreando por tus muslos, cuerpo convulsionando. Gritas, un alarido gutural que sale del alma.

No paran ahí. Cambian: Ana se pone un arnés con dildo grueso, te penetra vaginal mientras Luis toma tu boca. Sientes el caucho firme, cubierto de tu propia humedad, entrando y saliendo. Luis se corre primero, chorros calientes en tu garganta, tragas todo, sabor amargo y adictivo. Ana acelera, frotando tu clítoris con los dedos, y te lleva a otro orgasmo, este más profundo, emocional. Luis te desata del todo, besos tiernos en la espalda sudada.

El final llega suave. Te quitan la venda, luz suave revelando sus rostros sonrientes, mejillas sonrojadas. Te acurrucan entre ellos, cuerpos pegajosos y calientes. Ana te acaricia el pelo, oliendo a sexo satisfecho.

¿Estuvo chido el trio BDSM, verdad? Eres increíble.
Luis trae agua fría y chocolate mexicano, el dulce derritiéndose en tu lengua fatigada. Reflexionas en silencio, el cuerpo hormigueando aún, empoderada por haber explorado este lado tuyo. No hay arrepentimientos, solo gratitud y un cosquilleo de querer más. Afuera, la ciudad duerme, pero tú flotas en afterglow, piel marcada con roces rojos que mañana recordarán esta noche de placer incontrolable.

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