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Culos Grandes en Trios Ardientes

6872 palabras

Culos Grandes en Trios Ardientes

Estás en una fiesta playera en Puerto Vallarta, el sol ya se ha metido pero las luces de neón parpadean sobre la arena blanca y el mar susurra con olas perezosas. El aire huele a sal, coco y un toque de tequila reposado que flota de los vasos rojos. Llevas una camisa guayabera ligera, sudada en el pecho por el calor húmedo, y tus ojos recorren la multitud de cuerpos bailando al ritmo de cumbia rebajada. Neta, qué chido está esto, piensas, mientras tomas un trago de tu chela helada, el vidrio empañado goteando en tu mano.

De repente, las ves: dos morras que parecen salidas de un sueño mojado. La primera, Karla, tiene un culazo que rebota con cada paso, enfundado en un short de mezclilla tan corto que deja ver la curva perfecta de sus nalgas redondas y firmes, como mangos maduros listos para morder. Su piel morena brilla con aceite de coco bajo las luces, y su risa es grave, contagiosa. Al lado, su amiga Lupita, no se queda atrás; su culo grande es más ancho, hipnótico, moviéndose al son de la música como si invitara a tocarlo. Llevan tops crop que dejan al aire sus panzas planas y piercings en el ombligo. Te miran fijo, con ojos pícaros, y se acercan balanceando las caderas.

Órale, guapo, ¿por qué tan solo? —dice Karla, su voz ronca rozando tu oído como una caricia. Sientes su aliento cálido con sabor a piña colada.

—Sí, wey, ven a bailar con nosotras —agrega Lupita, presionando su cuerpo contra el tuyo por un segundo, el calor de sus tetas suaves contra tu brazo. Su perfume es dulce, vainilla mezclada con sudor fresco.

El corazón te late fuerte, un tambor en el pecho.

¿Esto va en serio? Dos culazos así, pegaditas a mí. No mames.
Aceptas, y en la pista de baile, sus cuerpos se pegan al tuyo. Sientes el roce de sus culos grandes contra tus muslos, Karla girando para que su nalga izquierda te aplaste la entrepierna, Lupita arqueando la espalda para que su culo ancho te roce el paquete. El sudor las hace resbalosas, y el sonido de sus jadeos se mezcla con la música. Tus manos bajan instintivas, amasando esa carne suave y elástica. Ellas gimen bajito, animándote.

Mmm, qué manos tan chingonas tienes —susurra Lupita, mordiéndose el labio.

La tensión crece como una ola. Después de unos tragos más, Karla te agarra la mano y te jala hacia una villa cercana, la de unos carnales suyos que prestan el lugar para la fiesta. Lupita te sigue, su culo grande meneándose provocador. Suben unas escaleras de madera que crujen, el aire ahora más íntimo, cargado de humedad y deseo. Entran a un cuarto con cama king size, sábanas de algodón egipcio revueltas, y velas parpadeando que arrojan sombras danzantes en las paredes blancas.

Se voltean hacia ti, quitándose los tops con lentitud. Sus tetas saltan libres, pezones oscuros endurecidos por la brisa del ventilador. Tú te desabrochas la camisa, el corazón retumbando en tus oídos. Esto es un sueño, carnal, piensas, mientras ellas se desabrochan los shorts. Ahí están, en toda su gloria: culos grandes expuestos, Karla dándose la vuelta para que veas cómo se separa esa raja perfecta, Lupita abriéndose las nalgas con las manos, invitándote con una sonrisa pícara.

¿Listo para culos grandes tríos? —pregunta Karla, riendo suave, mientras Lupita asiente, lamiéndose los labios carnosos.

Te arrojan a la cama, sus cuerpos calientes cayendo sobre ti. El olor a piel excitada llena la habitación, almizcle femenino mezclado con su loción. Lupita se sube a tu cara, su coño depilado rozando tus labios, jugoso y salado al primer lametón. Gime fuerte, ¡ay, wey, qué rico!, mientras muele contra tu lengua. Karla, meanwhile, te baja el pantalón, liberando tu verga tiesa que salta como resorte. La chupa con hambre, su boca húmeda y caliente envolviéndote, lengua girando en la cabeza sensible. Sientes el popoteo húmedo, el slurp de saliva, y tus caderas se alzan solas.

Pero la cosa sube de nivel. Cambian posiciones, Karla montándote la cara ahora, su culo grande aplastándote las mejillas, el ano rosado tentador cerca de tu nariz. Huele a limpio, a jabón y excitación pura. Lupita se empala en tu pija, su coño apretado tragándote centímetro a centímetro, las paredes calientes pulsando. ¡Qué chingón! gritas en tu mente, mientras ella rebota, sus nalgas grandes chocando contra tus muslos con palmadas sonoras, carne contra carne. El sudor gotea de su espalda, salado en tu lengua cuando la lames.

Internal el deseo quema. Karla se gira en 69, chupándote las bolas mientras tú devoras su clítoris hinchado, saboreando sus jugos dulces como miel de agave. Lupita acelera, sus gemidos roncos: ¡Sí, pendejo, así, cógeme duro! Sus culos grandes se mueven en sincronía, un ballet de carne temblorosa. Tus manos no paran: aprietas, azotas suave, sientes la vibración de cada impacto, la piel enrojeciéndose levemente.

La intensidad sube. Te ponen de rodillas, ellas a cuatro patas lado a lado, culos grandes en alto como ofrenda. El vista es brutal: dos pares de nalgas perfectas, coños relucientes de jugos, invitándote. Metes en Karla primero, su interior apretado ordeñándote, mientras Lupita se masturba viéndolos, dedos hundiéndose con squelch húmedo. Cambias, follas a Lupita, su culo ancho tragándote más profundo, golpes resonando como tambores. Ellas se besan entre sí, lenguas enredadas, gimiendo en tu oído.

¡Culos grandes tríos para siempre, mi rey! —jadea Karla, arqueando más la espalda.

El clímax se acerca como tormenta. Sientes el orgasmo bullendo en tus huevos, pulsos acelerados. Ellas lo notan, aprietan más, Lupita girando las caderas en círculos mágicos. Explota todo: te corres dentro de Lupita con un rugido gutural, chorros calientes llenándola mientras Karla te lame las bolas, prolongando el placer. Ellas llegan después, Karla frotándose el clítoris hasta squirtear un poco en las sábanas, Lupita temblando con espasmos, su coño contrayéndose alrededor de tu verga sensible.

Caen los tres en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El cuarto huele a sexo crudo, semen y jugos mezclados con el aroma salino del mar que entra por la ventana abierta. Te acarician el pecho, besos suaves en el cuello.

Qué chido estuvo, wey —murmura Lupita, su cabeza en tu hombro, el peso reconfortante de su cuerpo.

—Vuelve cuando quieras para más culos grandes tríos —agrega Karla, guiñando el ojo.

Te quedas ahí, flotando en la afterglow, el cuerpo pesado y satisfecho.

Neta, esto es vida. ¿Quién necesita más?
El mar sigue susurrando afuera, prometiendo más noches como esta en la costa mexicana.

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