Al Menos Lo Intenté Meme Caliente
Estaba tirada en el sofá de mi depa en la Condesa, con el pinche celular en la mano, scrolleando sin parar por Instagram. El sol de la tarde se colaba por las cortinas blancas, pintando rayas doradas en la alfombra. Olía a café recién hecho de la máquina italiana que mi carnal me regaló, y el ruido de los coches en la avenida se mezclaba con una rola de Natalia Lafourcade de fondo. De repente, me topé con ese meme: una foto de un güey haciendo algo épicamente fail, con el texto "at least I tried". Me reí sola, pensando en lo pendeja que era yo para no lanzarme con Marco, el vecino del piso de arriba. Ese morro alto, con tatuajes en los brazos y una sonrisa que te derrite como chocolate en comal.
Órale, Ana, al menos I tried meme, carnala. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que te diga que no y ya.Me dije a mí misma, mientras sentía un cosquilleo en el estómago, de esos que suben hasta el pecho y te hacen sudar las palmas. Marco y yo nos cruzábamos siempre en el elevador, platicando pendejadas del clima o del tráfico en Insurgentes. Él con su playera ajustada que marcaba los músculos del pecho, yo fingiendo que no me moría por oler su colonia amaderada. Hoy era el día. Le mandé un whats: "Oye Marco, ¿taquiza esta noche? Yo invito". El corazón me latía como tamborazo zacatecano.
Quedamos en la taquería de la esquina, esa con mesas de madera y manteles a cuadros rojos. Llegué temprano, pedí un michelada para quitarme los nervios, el hielo crujiendo contra el vidrio helado, el limón chorreando jugo ácido en la lengua. Ahí venía él, caminando con ese paso chido, jeans desgastados abrazando sus piernas fuertes, cabello negro revuelto por el viento. "¡Qué onda, Ana! Qué buena onda que me invitaste, güey", dijo sentándose frente a mí, sus ojos cafés clavados en los míos, oliendo a jabón fresco y algo más, como deseo contenido.
La plática fluyó como tequila suave: del trabajo en la agencia de diseño donde él era creativo, de mis clases de yoga en Polanco, de lo chingón que estaba el suadero con cebollita. Cada vez que reía, su voz grave vibraba en mi piel, y yo sentía el calor subiendo por mis muslos. "Sabes, vi un meme hoy que me hizo pensar en ti", solté de repente, juguetona. "¿Ah sí? ¿Cuál?" Preguntó, inclinándose, su rodilla rozando la mía bajo la mesa. El toque fue eléctrico, como chispa en piel seca. "Al menos I tried. De un güey que la arma mal pero lo intenta". Nos cagamos de risa, y en ese momento su mano cubrió la mía, cálida, áspera por el gym.
No mames, Ana, esto está pasando. Siente su piel, huele su aliento a cerveza y cilantro. No la cagues.
Terminamos las tacos, el aceite brillando en sus labios, y él propuso: "¿Vamos a mi depa? Tengo mezcal artesanal de Oaxaca que te va a volar la cabeza". Asentí, el pulso acelerado, las luces de la calle parpadeando como estrellas caídas mientras subíamos en el elevador. Su departamento era puro vibe moderno: paredes blancas, plantas colgantes, una cama king size visible desde la sala con sábanas grises revueltas. Puso música, algo de Café Tacvba suave, y sirvió el mezcal en vasitos de barro. El humo del copalito flotaba en el aire, dulce y terroso, mezclándose con su aroma masculino.
Nos sentamos en el sofá de cuero negro, tan cerca que sentía el calor de su cuerpo irradiando hacia mí. Hablamos de todo y nada, sus dedos trazando círculos perezosos en mi antebrazo, enviando ondas de placer directo a mi centro. "Ana, desde la primera vez que te vi en el elevador, quise hacer esto", murmuró, su aliento caliente en mi oreja. Me giré, nuestros labios chocando en un beso hambriento. Su boca sabía a mezcal ahumado y sal de los tacos, lengua explorando la mía con urgencia juguetona. Gemí bajito, mis manos enredándose en su cabello, tirando suave para profundizar el beso.
Las manos de Marco bajaron por mi espalda, desabrochando mi blusa con destreza, exponiendo mi brasier de encaje negro. El aire fresco del ventilador besó mi piel expuesta, erizándome los vellos. Él se quitó la playera, revelando ese torso esculpido, pectorales firmes salpicados de vello oscuro, abdomen marcado que lamí con la mirada. "Eres una chingona, Ana", dijo con voz ronca, besando mi cuello, mordisqueando la clavícula hasta que arqueé la espalda, jadeando. Olía a sudor limpio y excitación, ese musk primal que me mojaba entre las piernas.
Al menos I tried meme, pero esto es mucho mejor que cualquier intento fallido. Siente su verga dura contra tu muslo, Ana. Ve por todo.
Me levantó en brazos como si nada, llevándome a la cama. El colchón se hundió suave bajo nuestro peso, sábanas frescas envolviéndonos. Le desabroché el cinturón, el sonido metálico del cierre acelerando mi pulso. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando en mi mano. La apreté, sintiendo el calor satinado, el pulso latiendo contra mi palma. "Métetela en la boca, mi reina", pidió, y obedecí, lamiendo desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Él gruñó, manos en mi cabeza guiándome, follando mi boca con ritmo lento, sus caderas moviéndose como olas.
Me volteó, quitándome el pantalón y las tangas de un jalón. Su boca atacó mi panocha, lengua plana lamiendo mi clítoris hinchado, chupando con succión perfecta. Grité, piernas temblando, el placer como fuego líquido extendiéndose por mis venas. Olía mi propia excitación almizclada mezclada con su saliva, sonidos húmedos de succión llenando la habitación. Metió dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, follando adentro y afuera mientras succionaba. "Estás chorreando, Ana. Qué rico sabes", murmuró contra mi carne sensible.
La tensión crecía, mi cuerpo en llamas, pechos pesados rozando las sábanas. Lo empujé hacia atrás, montándolo a horcajadas. Su verga rozó mi entrada húmeda, y descendí despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente alrededor de su grosor. "¡No mames, qué prieta estás!" Gimió él, manos en mis caderas guiando el ritmo. Cabalgué duro, tetas rebotando, sudor perlando mi piel, el slap-slap de carne contra carne sincronizado con nuestros jadeos. Él pellizcaba mis pezones rosados, enviando descargas directas a mi coño.
Cambié de posición, él encima, embistiéndome profundo, verga golpeando mi cervix con cada thrust potente. El olor a sexo impregnaba el aire, sudor goteando de su frente a mi pecho. "Córrete conmigo, Marco", supliqué, uñas clavándose en su espalda. Aceleró, gruñendo como animal, y explotamos juntos: mi orgasmo como tsunami, paredes contrayéndose milking su polla, él llenándome de leche caliente, chorros pulsantes que sentí inundándome.
Colapsamos, entrelazados, respiraciones agitadas calmándose. Su peso sobre mí era perfecto, piel pegajosa y cálida. Besos suaves en mi frente, dedos trazando patrones en mi vientre. "Eso fue épico, Ana. Gracias por invitarme", susurró. Yo sonreí, exhausta y satisfecha, oliendo nuestros jugos mezclados en las sábanas.
Al menos I tried meme, pero qué chido que lo intenté. Esto es solo el principio, güey.Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en esa cama, el mundo era nuestro. Me acurruqué contra su pecho, oyendo su corazón latir en eco al mío, sabiendo que el intento valió cada segundo de nervios.