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Busco Trio Para Despertar Mis Ganas

6547 palabras

Busco Trio Para Despertar Mis Ganas

Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Roma, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, una morra de veintiocho pirulos que trabaja en una agencia de diseño, andaba bien caliente esa semana. Neta, llevaba meses fantaseando con algo nuevo, algo que me sacara de la rutina de polvos solos con mi vibrador. Así que saqué el cel y abrí la app de citas. Tecleé rápido: "Busco trio con pareja abierta y complaciente en CDMX. Si saben cómo hacer gemir a una chava, contáctenme". Mandé la foto mía en lencería roja, esa que resalta mis curvas prietas, y esperé.

Al rato, ping. Un mensaje de Marco y Luisa, una pareja de Polanco que pintaba chida. Fotos suyas besándose, él moreno alto con tatuajes en los brazos, ella rubia con tetas grandes y una sonrisa pícara. "Hola reina, nos late tu anuncio. ¿Quieres que te demostremos lo que es un trio de verdad? Ven a nuestro hotel mañana". Mi corazón latió fuerte, el calor subiendo por mi entrepierna.

¿Y si es lo mejor que me ha pasado? ¿O solo un desmadre?
Respondí que sí, que a las ocho en el lobby del Camino Real.

Acto uno completo, pensé mientras me arreglaba al día siguiente. Me puse un vestido negro ajustado que marcaba mi culo redondo, sin calzones para sentir el aire fresco rozándome la piel. Bajé del Uber y ahí estaban, esperándome con copas de vino en la mano. Marco me miró de arriba abajo, sus ojos oscuros devorándome. "Qué buena estás, Ana", dijo con voz grave, mientras Luisa me abrazaba, su perfume dulce invadiendo mis fosas nasales. Olía a vainilla y deseo. Subimos al elevador, el silencio cargado, solo el zumbido del motor y nuestras respiraciones aceleradas. Su mano rozó mi cintura accidentalmente, o no tanto, y un escalofrío me recorrió la espalda.

En la suite, luces tenues, velas parpadeando y música suave de jazz mexicano sonando bajito. Nos sentamos en el sofá de piel suave, que crujió bajo nuestro peso. Brindamos con champagne, las burbujas picando en mi lengua. Hablamos un rato, para romper el hielo. "Somos abiertos desde hace dos años", contó Luisa, su mano en el muslo de Marco. "Pero neta, buscamos trio como el tuyo porque queremos una chava que mande también". Me lateó eso, sentirme poderosa. Les conté mis fantasías, cómo imaginaba lenguas en mi clítoris mientras otro me penetraba lento.

El beso empezó con Luisa. Sus labios carnosos presionaron los míos, su lengua saboreando a fresas por el licor. Marco nos veía, su verga ya dura marcándose en los pantalones. La besé de vuelta, mis manos en su cabello sedoso, oliendo su shampoo de coco. Él se acercó por detrás, besando mi cuello, su aliento caliente como fuego en mi piel. Chingado, qué rico. Me quitaron el vestido despacio, sus dedos trazando mis pezones que se pusieron duros como piedras. Tocaron mi piel suave, erizándola toda. "Estás mojada ya, ¿verdad?", murmuró Marco, su dedo resbalando entre mis labios vaginales, chapoteando en mis jugos.

Me recostaron en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda desnuda. Luisa se quitó la blusa, sus tetas rebotando libres, pezones rosados invitándome. Me lancé a mamarlos, succionando fuerte mientras ella gemía bajito, "¡Ay, sí, así, carnala!". Marco se desvistió, su verga gruesa saltando, venosa y lista, con un olor masculino que me mareó de ganas. Se arrodilló entre mis piernas, lamiéndome el coño con lengua experta. Sentí cada lamida, el roce áspero de su barba en mis muslos internos, el sabor salado de mi excitación en su boca cuando me besó después. Luisa se sentó en mi cara, su coño depilado rozando mis labios. La probé, dulce y almizclada, chupando su clítoris hinchado mientras ella se mecía, sus jugos goteándome por la barbilla.

La tensión subía como olla exprés.

Esto es lo que necesitaba, no más noches solas soñando con esto
, pensé mientras Marco me penetraba despacio. Su verga estirándome, llenándome hasta el fondo, cada embestida haciendo que mis paredes internas se contraigan. Luisa besaba mi boca, tragándose mis gemidos. Cambiamos posiciones: yo a cuatro patas, Marco cogiéndome el culo con la verga –bien lubricado, todo consensual y rico–, mientras lamía el coño de ella. El slap slap de su pelvis contra mis nalgas resonaba, mezclado con nuestros jadeos. Sudor perlando nuestras pieles, oliendo a sexo puro, ese aroma espeso y animal que enloquece.

En el clímax del medio, probamos el trio completo. Marco se recostó, yo montándolo cowgirl, su verga hundiéndose profunda, rozando mi punto G con cada rebote. Mis tetas saltando, Luisa detrás mamándome los pezones y metiéndome dos dedos por el ano, estirándome suave. "¡Más, pendejos, no paren!", grité, mi voz ronca. Sentía sus pulsos acelerados contra mí, el calor de sus cuerpos envolviéndome. Marco gruñía, "Estás apretada, reina", y Luisa susurraba guarradas al oído: "Busco trio como este siempre, pero tú eres la neta". La intensidad crecía, mis piernas temblando, el orgasmo construyéndose como ola gigante.

Explotamos juntos. Primero yo, mi coño contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojando la verga de Marco. Grité largo, el sonido rebotando en las paredes. Él se vino dentro, caliente y espeso, llenándome hasta rebosar. Luisa se frotó contra mi muslo, corriéndose con un aullido, sus uñas clavándose suave en mi piel. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas, el aire cargado de nuestro olor compartido: semen, sudor, perfume mezclado.

Después, en el afterglow, nos duchamos juntos bajo el agua caliente que caía como lluvia tropical. Jabón resbaloso en nuestras manos, explorando cuerpos relajados. Marco me lavó el cabello, sus dedos masajeando mi cuero cabelludo. Luisa me besó la nuca, "Vuelve cuando quieras, Ana. Esto fue chingón". Secos, nos vestimos con calma, pidiéndonos números para más. Bajamos al lobby, la noche de la ciudad brillando afuera, luces de neón reflejadas en mis ojos satisfechos.

De regreso en mi depa, me tiré en la cama oliendo aún a ellos.

Busco trio fue lo mejor que publiqué. Ahora sé que el placer se multiplica cuando se comparte
. Sonreí, el cuerpo adolorido pero feliz, sabiendo que esto era solo el principio de mis aventuras. La tensión se había liberado, dejando un vacío lleno de promesas. Mañana, quizás busque otro.

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