Relatos Eroticos
Inicio Trío Y Intento Y Intento Y Intento Tus Lyrics Ardientes Y Intento Y Intento Y Intento Tus Lyrics Ardientes

Y Intento Y Intento Y Intento Tus Lyrics Ardientes

6622 palabras

Y Intento Y Intento Y Intento Tus Lyrics Ardientes

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que se pega a la piel como una promesa. Tú estabas ahí, sentado en la barra, con esa camisa ajustada que marcaba tus hombros anchos y un vaso de tequila reposado en la mano. Yo, Daniela, acababa de entrar con unas amigas, riéndome de un chiste pendejo sobre el tráfico eterno de la CDMX. Pero cuando te vi, órale, algo se encendió. Tus ojos oscuros me atraparon como un imán, y el ritmo de la música latina retumbaba en mis venas.

Me acerqué a pedir un trago, rozando tu brazo sin querer –o queriendo, quién sabe–. Olías a colonia cara mezclada con el humo del cigarillo que acababas de apagar. "¿Qué onda, guapo? ¿Me invitas uno?" te dije con mi mejor sonrisa coqueta, esa que siempre funciona en antros como este. Tú sonreíste, mostrando dientes perfectos, y pediste dos tequilas más. Hablamos de tonterías: el pinche clima, la crema que está de moda, pero debajo de las palabras había un fuego latiendo. Tus rodillas rozaban las mías bajo la barra, y cada roce era como una chispa.

De pronto, la rola cambió. Era esa canción gringa que tanto me gustaba, Pink con su "and I try and I try and I try lyrics" retumbando en los bocinas. "Where there is desire there is gonna be a flame", cantaba ella, y yo la tarareé bajito, mirándote fijo. Tú captaste la indirecta, porque tu mano se posó en mi muslo, subiendo despacito por debajo de mi falda corta.

Y yo intento y yo intento y yo intento no caer, pero tus ojos me queman, cabrón
, pensé, sintiendo el pulso acelerado entre mis piernas.

Acto uno: la tensión inicial. Te invité a bailar, y en la pista oscura, cuerpos pegados, sudamos juntos al ritmo del reggaetón que seguía a la balada. Tus manos en mi cintura, bajando a mis nalgas firmes, apretando suave. Yo te mordí el lóbulo de la oreja, saboreando el salado de tu piel. "Estás cañón, wey", me susurraste al oído, tu aliento caliente oliendo a tequila y menta. Mi chichi se endureció contra tu pecho, y el roce me hizo gemir bajito. Pero no cedí del todo; jugamos al gato y al ratón, besos robados que se cortaban justo cuando la lengua rozaba la tuya.

Salimos del bar tambaleándonos un poco, riendo como pendejos. Tu depa estaba cerca, en una torre chida con vista al skyline. En el elevador, ya no pude más. Te empujé contra la pared, besándote con hambre, mi lengua invadiendo tu boca, probando el dulzor del licor. Tus manos subieron mi blusa, acariciando mis tetas libres bajo el brasier de encaje. Plaf, el ding del elevador nos separó, pero el deseo ya era un volcán.

Entramos a tu penthouse, luces tenues, el aroma a sándalo de un difusor flotando en el aire. Me quitaste la falda despacio, arrodillándote para besar mis muslos internos, donde la piel es más sensible. Yo te desabroché la camisa, lamiendo tu pecho velludo, bajando hasta el ombligo. "Despacio, nena, que esto apenas empieza", dijiste con voz ronca. Te llevé al sofá de piel, montándote a horcajadas, frotando mi concha húmeda contra la bultaca dura de tus jeans. El sonido de nuestras respiraciones jadeantes llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de Reforma.

Y yo intento y yo intento y yo intento no rendirme, pero tu verga me llama como un imán
. Te bajé el zipper, liberando tu miembro grueso, palpitante, con venas marcadas que pedían mi toque. Lo tomé en mi mano, sintiendo el calor vivo, el pulso acelerado como mi corazón. Lo lamí desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado, mientras tú gemías "¡Qué rico, Daniela, no pares!". Te chupé despacio, girando la lengua alrededor del glande, metiéndomelo hasta la garganta, mis labios estirados, saliva goteando.

Acto dos: la escalada. Me levantaste como si no pesara nada –gracias a mis clases de yoga–, y me recargaste en la mesa de cristal. Abriste mis piernas, admirando mi panocha depilada, brillando de jugos. "Estás chorreando por mí, ¿verdad, mamacita?" Asentí, mordiéndome el labio, mientras tu lengua exploraba mis labios mayores, separándolos para lamer mi clítoris hinchado. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi espina, mis uñas clavándose en tu cabeza. Olía a sexo puro, a mi excitación almizclada mezclada con tu sudor masculino.

Me volteaste, de espaldas, y entraste en mí de una embestida lenta pero profunda. ¡Ay, cabrón! Llenabas cada centímetro, rozando mi punto G con cada thrust. Tus manos amasaban mis nalgas, dando nalgadas suaves que resonaban clap clap. Yo empujaba hacia atrás, cabalgándote en reversa, mis tetas rebotando, el sudor chorreando por mi espalda. "Más duro, pendejo, dame todo", grité, y tú obedeciste, acelerando, el sonido húmedo de piel contra piel como una sinfonía obscena.

Cambié de posición, ahora tú abajo en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frías contra mi piel caliente. Me monté encima, guiando tu verga dentro de mí, sintiendo cómo me abría, me estiraba. Subí y bajé despacio al principio, mis caderas girando en círculos, frotando mi botón contra tu pubis. Tus manos en mis chichis, pellizcando pezones rosados, enviando descargas directas a mi centro. El olor de nuestros cuerpos unidos, sudor, sexo, perfume, era embriagador. Gemidos se volvían gritos: "¡Sí, así, no pares! ¡Me vengo!"

La tensión crecía, mis paredes internas apretándote como un puño, ordeñándote. Tú volteaste, poniéndome misionero, piernas en tus hombros, penetrando profundo, golpeando mi cervix con maestría.

And I try and I try and I try lyrics en mi cabeza, pero ya no resisto, solo quiero explotar
. El clímax llegó como una ola: mi cuerpo convulsionó, jugos salpicando, gritando tu nombre –Alejandro, ¡joder!–. Tú seguiste, unos thrusts más, y te corriste dentro, chorros calientes llenándome, tu gruñido animal en mi oído.

Acto tres: el afterglow. Colapsamos enredados, pieles pegajosas, respiraciones calmándose. Tus dedos trazaban círculos en mi vientre, besos suaves en mi frente. Olía a nosotros, a satisfacción profunda. "Eso estuvo de lujo, Daniela. ¿Repetimos?" reíste, y yo asentí, acurrucándome en tu pecho. La ciudad brillaba afuera, pero aquí adentro, el mundo era nuestro. Mañana quién sabe, pero esta noche, el intento falló deliciosamente. Y valió cada segundo de esa lucha interna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.