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Trio Ardiente con la Amiga de Mi Esposa

6100 palabras

Trio Ardiente con la Amiga de Mi Esposa

Era una noche de esas que empiezan tranquilas en la casa, con el olor a tacos de carnitas flotando en el aire y una chela fría en la mano. Mi esposa, Carla, había invitado a su carnala Sofia, su amiga de toda la vida, a cenar. Las dos se conocían desde la prepa, y siempre que se juntaban, la plática se ponía bien chida, llena de chismes y risas que retumbaban en las paredes de nuestro depa en la colonia Roma.

Yo estaba en la sala, recargado en el sofá, viendo cómo Carla movía las caderas al ritmo de una cumbia rebajada que salía del parlante. Llevaba un vestido negro ajustado que le marcaba las curvas de una manera que me ponía duro al instante. Sofia, por otro lado, era la contraparte salvaje: morena clara, con el pelo suelto hasta la cintura y un short de mezclilla que dejaba ver sus piernas torneadas. Neta, las dos eran un pinche espectáculo.

"Órale, carnal, ¿por qué no bailas con nosotras?", me dijo Sofia con esa voz ronca que me erizaba la piel. Carla se rio y me jaló del brazo. Sentí su mano cálida en mi antebrazo, y el perfume dulce de vainilla que siempre usaba se me metió hasta los pulmones. Empecé a moverme torpe al principio, pero pronto las tres estábamos pegaditos, sudando un poquito bajo las luces tenues.

En mi cabeza, un pensamiento cabrón no paraba de dar vueltas:

¿Y si armamos un trio con la amiga de mi esposa? Sería la neta, las dos chupándome la verga mientras yo las reviento una por una.
Pero lo disimulé con una sonrisa pendeja.

La cena terminó, y nos echamos en el sofá con más chelas. La plática se puso caliente cuando Sofia contó de su último ligue fallido. "Ese wey no sabía ni dónde meterla, neta", soltó entre carcajadas. Carla me miró con ojos pícaros y dijo: "Tú sí sabes, ¿verdad, amor?". Su pie se rozó con mi entrepierna por "accidente", y sentí un cosquilleo que me subió hasta el pecho.

El alcohol y el calor de la noche hicieron lo suyo. Sofia se recargó en mi hombro, su aliento tibio oliendo a tequila y menta. "Estás bien guapo, carnal", murmuró. Carla no se inmutó; al contrario, se acercó más y me besó el cuello. ¿Esto va en serio? pensé, con el corazón latiéndome como tambor.

Acto seguido, Carla le dio un beso juguetón en los labios a Sofia. Las vi fundirse un segundo, lenguas jugueteando, y mi verga se paró como soldado. "Vengan, mis amores", dijo Carla con voz suave, jalándonos hacia la recámara. El pasillo parecía eterno, con el sonido de nuestras respiraciones agitadas y el roce de sus cuerpos contra el mío.

En la cama king size, con las sábanas de algodón fresco, nos quitamos la ropa despacio. Primero Carla se sacó el vestido, revelando sus tetas firmes y el tanga rojo que le enmarcaba el culo perfecto. Sofia se desabrochó la blusa, mostrando un brassier de encaje negro que apenas contenía sus chichis grandes y redondos. Yo me quedé en boxers, mi erección marcada como bandera.

"Mira qué rico está tu marido", le dijo Sofia a Carla, pasando la mano por mi pecho. Sentí sus uñas rozando mi piel, un escalofrío que me puso la piel de gallina. Carla se arrodilló y me bajó los boxers, liberando mi verga tiesa. "Es toda tuya, amiga", susurró.

El middle se armó con pura tensión deliciosa. Sofia se lamió los labios y se acercó, su boca caliente envolviéndome la cabeza. El sabor salado de mi pre-semen en su lengua, el sonido húmedo de su chupada, me volvieron loco. Carla se unió, lamiendo mis huevos mientras Sofia me mamaba profundo.

Neta, un trio con la amiga de mi esposa es mejor de lo que soñé. Sus bocas juntas, calientes y babosas, me van a hacer explotar.

Las volteé a las dos boca abajo, admirando sus culos alzados. El aroma de sus excitaciones llenaba la habitación: dulce y almizclado, como miel con sudor. Metí dos dedos en la concha mojada de Carla, sintiendo sus paredes contraerse, y con la otra mano exploré a Sofia, que gemía bajito: "¡Ay, wey, qué chido!".

Empecé con Carla, embistiéndola despacio al principio. Su interior tibio y resbaloso me apretaba como guante. Sofia se masturbaba viéndonos, sus dedos hundiéndose con sonidos chapoteantes. "Cógela rico, carnal", animaba. Cambié a Sofia, su concha más apretada, oliendo a deseo puro. La cogí de perrito mientras Carla me besaba, sus tetas aplastadas contra mi espalda, pezones duros como piedritas.

La intensidad subió cuando las puse una encima de la otra. Cogí a Sofia desde abajo mientras Carla se sentaba en su cara. Los gemidos se mezclaban: "¡Más duro!", "¡Sí, así, pinche rico!". Sudor perlando sus pieles, el slap-slap de mi pelvis contra sus nalgas, el olor a sexo impregnando todo. Mi corazón tronaba, venas hinchadas, cada embestida un paso al abismo.

En un momento, las dos me chuparon juntas, lenguas enredadas alrededor de mi verga. Sentí el orgasmo construyéndose, bolas tensas. "Voy a venirme", avisé jadeando. Carla se montó en mí, cabalgándome salvaje, tetas rebotando. Sofia lamió donde nos uníamos, su lengua rozando mi eje y el clítoris de mi esposa.

El clímax llegó como tsunami. Me corrí dentro de Carla con un rugido gutural, chorros calientes llenándola mientras ella se convulsionaba, gritando mi nombre. Sofia se vino después, frotándose contra mi muslo, jugos empapando las sábanas. Nos quedamos temblando, cuerpos enredados, respiraciones entrecortadas.

En el afterglow, nos recargamos los tres, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Carla me besó tierno: "Te amo, mi vida. Esto fue la neta". Sofia sonrió perezosa: "Repetimos cuando quieras, carnales". El cuarto olía a placer satisfecho, con la luz de la luna filtrándose por la ventana.

Mientras las abrazaba, pensé:

Un trio con la amiga de mi esposa no rompió nada; al contrario, nos unió más. Sus cuerpos calientes, sus risas compartidas, esto es lo que hace la vida chida.
Nos dormimos así, exhaustos y felices, con promesas de más noches locas.

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