La El Tri Songs List que Nos Encendió la Piel
Era una noche de esas en la Condesa, con el aire cargado de jazmines y el bullicio de la gente saliendo de los antros. Yo, Ana, acababa de terminar mi turno en la galería de arte y necesitaba un trago para soltar la tensión del día. Entré al bar El Santo, con sus luces tenues y la música rockera retumbando bajito. Pedí un mezcal con naranja y limón, y ahí lo vi: alto, moreno, con una sonrisa pícara que me hizo cosquillas en el estómago. Se llamaba Marco, un músico freelance que tocaba en bares por la ciudad.
¿Qué chingo hace este pendejo tan guapo mirándome así? pensé mientras sorbía mi bebida, sintiendo el ardor del mezcal bajar por mi garganta como fuego líquido. Él se acercó con dos chelas en la mano, ofreciéndome una.
—Órale, güerita, ¿te late El Tri? —me dijo, señalando la bocina del bar que justo soltaba Abuso de Autoridad.
Mi corazón dio un brinco. El Tri era mi vicio secreto, esas rolas crudas que me ponían la piel chinita y me recordaban lo chingón que es ser mexicano hasta los huesos. —¡Claro, carnal! Tráeme la el tri songs list tuya, a ver si traes buen ojo —le respondí coqueta, guiñándole el ojo.
Marco sacó su cel y me mostró su playlist: la el tri songs list completa, desde Triste Canción de Amor hasta Niño Sin Amor. Olor a cuero de su chamarra vieja, mezclado con el humo de su cigarro recién apagado. Nuestras rodillas se rozaron bajo la barra, y sentí un calor subiendo por mis muslos. Hablamos horas, riendo de las letras rebeldes, compartiendo anécdotas de conciertos donde la banda nos había hecho gritar hasta quedarnos roncos.
La tensión crecía como la batería de Piedras Rodantes. Sus ojos oscuros me devoraban, y yo no podía evitar imaginar sus manos callosas sobre mi cintura. —Vámonos a mi depa, ahí tengo el sound system perfecto pa' la el tri songs list —susurró al oído, su aliento cálido oliendo a tequila y menta. Asentí, empapada ya de anticipación.
En su departamento en la Roma, minimalista con posters de rockeros en las paredes, Marco conectó el cel al equipo de sonido. La el tri songs list empezó a fluir: Las Piedras Rodantes con su ritmo salvaje. Bailamos pegaditos, su cuerpo duro presionando contra el mío. Sentí sus músculos tensos bajo la playera, el sudor comenzando a perlar su cuello. Mis manos subieron por su espalda, arañando suave, mientras su boca rozaba mi oreja.
—Me traes bien puesto, Ana. Tus curvas con esta rola... pinche delicia —murmuró, su voz ronca como la guitarra de Alex Lora.
El aroma de su piel, salado y masculino, me invadió. Lo besé con hambre, probando el sabor dulce de su lengua mezclada con el mezcal que habíamos traído. Sus manos bajaron a mis nalgas, apretando con fuerza juguetona, y yo gemí contra su boca. Chin güey, esto va pa'l carajo de lo bueno, pensé mientras me quitaba la blusa, dejando mis tetas al aire fresco de la noche.
La música subió de volumen con Abuso de Autoridad, y Marco me cargó hasta el sillón de piel. Me recostó despacio, besando mi cuello, lamiendo el sudor que ya corría por mi clavícula. Sus dedos juguetearon con mis pezones, endureciéndolos como piedras, enviando chispas directo a mi entrepierna. Yo le desabroché el cinto, liberando su verga dura, palpitante, oliendo a deseo puro. La acaricie lenta, sintiendo las venas hinchadas bajo mi palma, mientras él metía la mano en mi calzón, encontrándome empapada.
—Estás chorreando, mamacita —rió bajito, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo donde me volvía loca. Grité suave, arqueándome, el sonido de la rola ahogando mis jadeos. Nuestros cuerpos se movían al ritmo, lento al principio, construyendo la pinche tensión que me tenía al borde. Él chupó mis tetas, mordisqueando suave, el dolor placentero mezclándose con el placer húmedo entre mis piernas. Yo lo masturbé más rápido, oyendo su respiración agitada, oliendo nuestro sexo llenando el aire.
Internalmente luchaba:
No quiero que acabe tan rápido, pero pinche, lo necesito ya adentro. Marco leyó mi mente, se quitó el resto de la ropa, su cuerpo atlético brillando bajo la luz de neón que entraba por la ventana. Me abrió las piernas, besando mis muslos internos, lamiendo hasta mi clítoris hinchado. Su lengua era fuego, círculos rápidos, succionando, mientras Triste Canción de Amor sonaba melancólica, contrastando con mi éxtasis creciente.
La el tri songs list llegó a Niño Sin Amor, perfecta para el clímax. Marco se posicionó, frotando su punta contra mi entrada resbalosa. —Dime si quieres, reina —preguntó, ojos fijos en los míos, puro consentimiento. —Sí, métemela toda, cabrón —rogué, clavando uñas en sus hombros.
Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada pulgada llenándome, su calor pulsando dentro. Empezamos a follar al ritmo de la rola, lento y profundo al inicio, sus embestidas golpeando justo el punto G. El sonido de piel contra piel, chapoteando con mis jugos, se mezclaba con la guitarra eléctrica. Sudor goteaba de su frente a mi pecho, salado al lamerlo. Aceleramos, yo envolviendo mis piernas en su cintura, él gruñendo mi nombre.
Sus bolas chocando contra mi culo, el olor almizclado de nuestro sudor, todo perfecto. Giramos, yo encima ahora, cabalgándolo salvaje, mis tetas rebotando, sus manos guiando mis caderas. Gemí alto cuando sentí el orgasmo venir, un tsunami building up desde mi vientre. —Vente conmigo, Marco —jadeé, y él obedeció, su verga hinchándose, corriéndose dentro con chorros calientes que me empujaron al abismo.
Explotamos juntos, mi coño contrayéndose alrededor de él, olas de placer sacudiéndome hasta los dedos de los pies. Grité, él rugió, la el tri songs list coronando el momento con su crudeza rockera.
Caímos exhaustos, enredados, la música bajando a Todo Meneándose como eco de nuestros cuerpos. Su pecho subía y bajaba contra el mío, corazones latiendo al unísono. Besos suaves ahora, lánguidos, probando el sudor salado de su piel. —Pinche rola buena, esa lista tuya es oro —susurré, riendo bajito.
—Y tú eres la mejor letra que he cantado —respondió, acariciando mi cabello revuelto. Nos quedamos así, envueltos en las sábanas revueltas, el aroma de sexo persistiendo en el aire. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero dentro, esa noche había cambiado algo. La el tri songs list seguía sonando, prometiendo más noches así, más pasión cruda y mexicana hasta el alma.
Me dormí pensando en lo chingón que es encontrar a alguien que te prenda con solo una playlist, dejando un calorcito en el pecho que duraría días.