James Brown Try Me
Estaba en ese bar de la Condesa, con las luces tenues y el humo del cigarro flotando como niebla sensual. La música retumbaba, un ritmo que te hacía mover las caderas sin querer. Yo, Ana, acababa de romper con mi novio pendejo y necesitaba soltar el estrés. Llevaba un vestido negro ajustado que me marcaba las curvas, el escote dejando ver justo lo suficiente para volver loco a cualquiera. Pedí un tequila reposado, el cristal frío en mi mano, el aroma fuerte subiéndome por la nariz mientras lo saboreaba.
Entonces lo vi. Alto, moreno, con una sonrisa que prometía problemas del bueno. Se acercó a la rockola, metió unas monedas y seleccionó algo. De repente, la voz rasposa y soul de James Brown llenó el lugar con "Try Me". "Try me, try me", cantaba, y el bajo vibraba en mi pecho como un latido extra. Él se giró, me miró directo a los ojos y se acercó bailando. Olía a colonia fresca mezclada con sudor varonil, ese olor que te hace mojar sin darte cuenta.
—Órale, güey, ¿te late James Brown? —me dijo, su voz grave como el ritmo.
—Neta, este pinche clásico me prende —respondí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Me tomó de la mano, suave pero firme, y me sacó a bailar. Sus manos en mi cintura, el calor de su piel traspasando la tela. Bailábamos pegados, mi culo rozando su entrepierna, sintiendo cómo se ponía duro. El sudor nos unía, salado en mi lengua cuando lamí mi labio. Pensé:
Este wey me va a comer viva esta noche, y yo se lo voy a dejar que lo haga.
La canción terminó, pero no nos soltamos. Se llamaba Marco, pero todos lo llamaban James por su fanatismo a Brown. Charlamos un rato, tequilas de por medio, riéndonos de pendejadas. Me contó cómo "James Brown Try Me" era su himno para ligar, cómo la ponía para decir "pruébame, carnala". Su mirada me desnudaba, bajando a mis tetas, subiendo a mi boca. Yo sentía mi panocha palpitando, húmeda, rogando atención.
—Vámonos de aquí —le propuse, mi voz ronca de deseo. Él sonrió, pagó la cuenta y salimos al fresco de la noche. Caminamos hasta su depa en Roma, el viento jugando con mi pelo, su brazo alrededor de mi hombro. Adentro, luces bajas, posters de soul en las paredes. Puso de nuevo "James Brown Try Me" en el tocadiscos, el vinilo crujiendo como preludio.
Nos besamos como hambrientos. Sus labios gruesos devorando los míos, lengua explorando, saboreando tequila y lujuria. Manos por todos lados: las suyas apretando mi culo, las mías en su pecho firme, bajando a su paquete. Se sentía enorme, tieso bajo los jeans. Lo empujé al sofá, me subí encima, frotándome contra él. ¡Qué chingón se sentía esa verga presionando mi rajita! Gemí bajito, el roce mandando chispas por mi espina.
—Quítate eso, nena —murmuró, jalando mi vestido. Lo levanté, quedando en calzones y bra. Mis pezones duros como piedras, rogando su boca. Se los chupó, succionando fuerte, mordisqueando suave. El placer era eléctrico, mi piel erizándose, olor a mi excitación llenando el aire. Olía a mujer en celo, dulce y almizclado.
Lo desvestí yo, admirando su cuerpo atlético, vello en el pecho, verga saltando libre, gruesa, venosa, la cabeza brillando de pre-semen. La tomé en mi mano, piel suave sobre acero, palpitando. La lamí desde la base, salado en mi lengua, hasta la punta, metiéndomela hasta la garganta. Él gruñó, "¡Ay, wey, qué rica chupas!", sus caderas moviéndose. El sonido húmedo de mi boca, sus jadeos, la música de fondo... todo me volvía loca.
Pero quería más. Me paré, me quité los calzones, mi panocha depilada reluciente de jugos. Me senté en su cara, "Come esto, James". Su lengua mágica lamió mi clítoris, chupando, metiendo dedos gruesos que me abrían. Sabía a miel caliente, gemí alto, mis jugos corriéndole por la barba. Montándolo como vaquera, mi culo rebotando, tetas saltando. Él las agarraba, pellizcando pezones.
La tensión crecía, mi orgasmo acechando. Pero paramos, queriendo alargar. En la cama ahora, luces de la calle filtrándose. Él encima, verga en mi entrada, frotando. "¿Quieres que te coja?" —preguntó, ojos en llamas.
—¡Sí, pendejo, métemela ya! —supliqué.
Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Llenándome hasta el fondo, golpeando mi cervix. El olor a sexo crudo, sudor goteando, pieles chocando con plaf plaf. Sus bolas azotando mi culo, mi rajita apretándolo como guante. Cambiamos posiciones: yo de perrito, él embistiendo fuerte, mano en mi clítoris frotando.
No aguanto, se viene el chorro...Grité, mi coño contrayéndose en espasmos, leche salpicando sábanas.
Él no paró, volteándome, piernas en hombros, follando profundo. Sus músculos tensos, venas hinchadas, gruñendo mi nombre. "Ana, qué chingona panocha tienes". Sentí su verga hincharse, y explotó, chorros calientes pintando mi útero. Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y semen.
Después, recostados, "James Brown Try Me" sonando suave en loop. Su mano acariciando mi pelo, yo trazando su pecho. Esto fue más que un polvo, pensé. Algo conectó, almas bailando al ritmo soul.
—¿Otra ronda, carnala? —dijo pícaro.
—Simón, pero esta vez tú bailas para mí —reí, besándolo lento.
La noche se extendió, cuerpos entrelazados, explorando cada rincón. Al amanecer, con el sol filtrando, nos dormimos exhaustos, satisfechos. Sabía que volvería por más de ese "Try Me" que me había volado la cabeza.