Relatos Eroticos
Inicio Trío Deja de Intentar que Fetch Happen Deja de Intentar que Fetch Happen

Deja de Intentar que Fetch Happen

7066 palabras

Deja de Intentar que Fetch Happen

Llegas a mi depa en la Condesa un viernes por la noche, con esa sonrisa pícara que me hace derretir aunque finja que no. El aire huele a tacos de la esquina y a la lluvia fresca que acaba de caer sobre el asfalto. Yo, Karla, de veintiocho tacos, te abro la puerta en shorts cortitos y una blusa suelta que deja ver el encaje de mi brasier negro. Órale, wey, ¿qué pedo con esa mirada? pienso mientras te miro de arriba abajo, notando cómo tus jeans ajustados marcan todo lo que me gusta.

Te sientas en el sofá de piel suave, que cruje bajo tu peso, y sacas las chelas del six pack que traes. El sonido del destapador metálico rompe el silencio, seguido del psssht gaseoso que me eriza la piel. "Neta, Karla, hoy la vamos a pasar chido", dices con esa voz ronca que me recorre como corriente eléctrica. Pero te noto nervioso, intentando ser el galán perfecto: pones música de Bad Bunny bajito, arreglas el cojín, me sirves la chela con un gesto exagerado. Ya, carnal, relájate, me digo, sintiendo el primer cosquilleo de deseo en el estómago.

Nos echamos plática de la chamba, de lo pendejos que son los jefes, riéndonos hasta que nuestras rodillas se rozan. Tu piel cálida contra la mía envía chispas; huelo tu colonia amaderada mezclada con el sudor ligero de la calle. "Mírate, todo fetch hoy", te digo burlona, recordando Chicas Pesadas. Tú te ríes, pero sigues forcejeando: te acercas más, pasas el brazo por mi hombro con un movimiento ensayado. El calor de tu palma quema a través de la tela fina.

Stop trying fetch happen, wey. Para de intentar que sea tan perfecto y deja que fluya, pienso, mientras mi pulso se acelera. Neta, me traes loca desde hace meses, pero esta noche no quiero show, quiero .

La tensión crece como la humedad entre mis piernas. Te volteo a ver, mis ojos clavados en tus labios carnosos. "Ven acá", susurro, jalándote por la nuca. Nuestros labios chocan suaves al principio, probando, el sabor amargo de la chela y dulce de tu boca. Tu lengua busca la mía, juguetona, y gimo bajito contra ti. Tus manos bajan por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza posesiva pero tierna. Sí, así, sin tanto drama.

Te empujo suave hacia atrás en el sofá, montándome a horcajadas. Siento tu verga dura presionando contra mi entrepierna a través de la tela delgada. "¡Puta madre, estás cañón!", murmuras, tus dedos hundiéndose en mis caderas. Me quito la blusa despacio, dejando que mis tetas reboten libres del brasier. Tus ojos se oscurecen de lujuria, y bajas la cabeza para mamar un pezón, chupando con hambre. El placer me recorre como fuego líquido: punzadas agudas de gozo, tu saliva tibia resbalando por mi piel, el sonido húmedo de tu boca succionando.

"Stop trying fetch happen", te digo entre jadeos, riéndome contra tu cabello. Tú levantas la cara, confundido un segundo, y luego sueltas la carcajada ronca que me moja más. "¡Jajaja, neta? ¿Ahora me sales con Gretchen Wieners?" Niego con la cabeza, besándote feroz. "Sí, wey. Para de intentar ser el rey del mambo. Solo... déjalo pasar". Tus manos desabrochan mis shorts, deslizándolos con mis calzones. El aire fresco besa mi coño expuesto, ya empapado, oliendo a deseo puro, almizclado y salado.

Me incorporo un poco, desabrochándote el cinturón con dedos temblorosos de anticipación. Tu verga salta libre, gruesa y venosa, la punta brillando de precum. La agarro firme, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada, caliente como hierro forjado. "Mmm, qué rica verga tienes, papi", ronroneo en mexicano puro, lamiendo desde la base hasta la cabeza, saboreando el gusto salobre y ligeramente dulce. Tú gimes fuerte, "¡Chingao, Karla!", tus caderas empujando instintivo.

Esto es lo que quería: puro instinto, sin postureo. Su sabor me enloquece, su olor varonil me invade, y mi clítoris palpita pidiendo atención.

Te mamo despacio al principio, girando la lengua alrededor del glande, succionando hasta que te retuerces. Tus manos enredan en mi pelo, no forzando, solo guiando. El sonido de mis labios resbalando, tus gemidos guturales, el slap suave de mi saliva goteando... todo me prende más. Me sueltas y bajas la mano entre mis piernas, rozando mi botón hinchado. "Estás chorreando, nena", dices con voz quebrada. Tus dedos entran en mí, curvándose para tocar ese punto que me hace arquear la espalda. ¡Ay, wey! El placer es eléctrico, ondas que suben por mi espina.

La intensidad sube: te subo encima, frotándome contra tu verga dura. "Métemela ya", suplico, empapada de sudor y excitación. Te volteas, poniéndome de rodillas en el sofá. Siento tu pecho contra mi espalda, tu aliento caliente en mi cuello mientras te posicionas. La cabeza de tu verga empuja mi entrada, resbalando en mis jugos, y entras de un solo jalón profundo. "¡Fuuuck!", grito, el estirón delicioso llenándome por completo. Hueles a sexo crudo, piel sudada, chela derramada.

Empiezas a bombear lento, cada embestida mandando ondas de placer que me aprietan el pecho. Tus bolas slap contra mi clítoris, rítmicas, húmedas. Agarras mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo empujo hacia atrás, queriendo más. "¡Más duro, cabrón!", exijo, y aceleras, el sofá crujiendo, nuestros cuerpos chocando con sonidos carnales: piel contra piel, jadeos entrecortados, mi coño chupando tu verga con cada salida. El olor a sexo impregna el aire, espeso, adictivo.

Neta, esto es fetch puro. Dejé de resistir, y mira: su verga me parte en dos de placer, mi vientre se contrae, el orgasmo se arma como tormenta.

La tensión explota: mis paredes se aprietan alrededor de ti, convulsionando en oleadas brutales. "¡Me vengo, wey! ¡Sííí!", chillo, el clímax rasgándome, jugos resbalando por mis muslos. Tú gruñes animal, embistiendo salvaje unas veces más antes de llenarme con chorros calientes, profundos. Tu semen tibia mezclándose con mis fluidos, goteando fuera mientras colapsamos jadeantes.

Nos quedamos ahí, enredados, el sudor enfriándose en nuestra piel, corazones latiendo al unísono. Besas mi hombro, suave ahora, y susurras "Fetch happened, ¿no?". Río bajito, volteando para mirarte a los ojos. "Neta que sí, pendejo. Sin tanto intento, fue perfecto". El cuarto huele a nosotros, a satisfacción plena, la música sigue sonando tenue. Te acurrucas contra mí, tu mano acariciando mi vientre plano, y siento una paz chida, profunda. Esto es lo que pasa cuando dejas de forzar: la magia carnal, el conexión real.

Minutos después, nos levantamos por agua fresca del refri, riéndonos de lo mojado que está el sofá. "La próxima, traes toallas, ¿eh?", bromeo, pellizcándote el culo. Tú me abrazas por la cintura, besándome lento. La noche apenas empieza, pero ya sé: fetch va a seguir pasando, natural, intenso, nuestro.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.