El Bloque Try Catch Java de mi Pasión
Estaba sentada frente a la pantalla en mi pequeño cubículo de la oficina en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro constante. La luz azulada del monitor me iluminaba la cara, y el olor a café recién hecho del termo flotaba en el aire, mezclado con mi perfume de vainilla que se pegaba a la piel por el calor de la noche. Era tarde, ya todos se habían largado del trabajo en esta empresa de software en la Ciudad de México, pero yo, Ana, no podía dejar ese pinche bloque try catch java que me traía de cabeza. El código se rompía una y otra vez, lanzando excepciones como si se burlara de mí.
De repente, oí pasos firmes acercándose por el pasillo alfombrado. Levanté la vista y ahí estaba Javier, mi compañero de equipo, el güey más guapo del piso. Alto, con esa barba recortada que le daba un aire de chavo bandido, camisa blanca arremangada dejando ver sus antebrazos fuertes, y unos ojos cafés que brillaban con picardía. Llevaba dos cafés en las manos, humeantes, y una sonrisa que me hizo sentir un cosquilleo en el estómago.
Órale, Ana, ¿todavía batallando con ese código? Déjame verte, carnala.dijo con esa voz grave, mexicana de pura cepa, con acento chilango que me erizaba la piel.
Me estiré en la silla, sintiendo cómo mi blusa se tensaba contra mis tetas, y le hice espacio. Chingado, ¿por qué siempre llega él cuando estoy hecha un desastre? pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Javier se sentó a mi lado, tan cerca que su muslo rozó el mío, cálido y firme a través de los jeans. Olía a colonia masculina, a madera y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia en el DF.
Él miró la pantalla, sus dedos largos tecleando rápido. Bloque try catch java, murmuró, como si lo saboreara. Try para intentar follarte con el código, catch para atraparte cuando explotes de placer, bromeó, y su risa ronca vibró en mi pecho. Sentí un calor subiendo por mis piernas, mi panocha empezando a humedecerse solo con su cercanía.
Acto uno: la tensión inicial. Le expliqué el problema, gesticulando con las manos, mientras él asentía, sus ojos bajando un segundo a mi escote. El roce accidental de su brazo contra mi hombro mandaba chispas eléctricas por mi espina.
Este bloque try catch java es como tú, Ana: complicado pero delicioso de debuggear, dijo guiñándome un ojo. Reí nerviosa, mordiéndome el labio, el sabor salado de mi gloss en la lengua. El deseo crecía lento, como el tráfico en Insurgentes a las seis, inevitable.
Pasamos minutos así, corrigiendo líneas de código. Sus explicaciones eran claras, su aliento cálido en mi oreja cuando se inclinaba. ¿Y si lo intento de otra forma? Try con más pasión, catch con fuerza, susurró, y su mano se posó en mi rodilla, pregunta silenciosa. Asentí, el corazón latiéndome como tambor en quinceañera. Lo miré, nuestros rostros a centímetros, el vaho de su café mezclándose con mi aliento acelerado.
Acto dos: la escalada. Javier giró mi silla hacia él, sus manos grandes en mis muslos, subiendo despacio por la falda. Sentí la aspereza de sus palmas contra mi piel suave, el roce enviando ondas de placer. Estás chingona programando, pero déjame mostrarte un try catch real, dijo, y me besó. Sus labios eran firmes, con sabor a café negro y menta, lengua explorando mi boca como si debuggeara mis secretos. Gemí bajito, el sonido ahogado por su beso, mis manos enredándose en su cabello negro, oliendo a shampoo de hierbas.
Me levantó en brazos como si nada, mi culo apretado contra su cadera dura. Caminamos al sofá de la sala de juntas cercana, vacío y oscuro, solo iluminado por las luces de la ciudad parpadeando a través de las ventanas. Me recostó suave, su peso sobre mí delicioso, el crujido de la tela bajo nosotros. Desabotonó mi blusa, exponiendo mis tetas en encaje negro, pezones duros como piedritas.
Mira nada más qué código perfecto, murmuró, lamiendo uno, el calor húmedo de su boca haciendo que arqueara la espalda. Sentí su verga tiesa presionando mi muslo, gruesa y pulsante, el calor traspasando la ropa.
Le quité la camisa, acariciando su pecho velludo, los músculos contraídos bajo mis uñas. Bajé la cremallera de sus jeans, liberando su verga chingona, venosa y lista, oliendo a hombre excitado. La tomé en la mano, suave terciopelo sobre acero, y él gruñó, un sonido animal que me mojó más. Try para mamarla, catch el placer, bromeé yo ahora, y la chupé, lengua girando en la cabeza salada, su pre-semen amargo en mi paladar. Javier jadeaba, manos en mi cabeza guiándome, órale, güey, qué rica.
La intensidad subía. Me quitó la tanga, dedos hurgando mi panocha empapada, rozando el clítoris hinchado. Bloque try catch java en mi cuerpo, dijo riendo, mientras metía dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes vacías, mis jugos chorreando por su mano. Él lamía mi cuello, mordisqueando suave, dejando marcas rojas que ardían delicioso.
Estás a punto de lanzar excepción de placer, Ana, susurró, y yo reí entre jadeos, el sudor perlando nuestras pieles, pegajosas y calientes.
Lo empujé sobre el sofá, montándolo. Su verga entró en mí de un jalón, llenándome hasta el fondo, estirándome perfecto. ¡Chingado, qué rico! grité, mientras cabalgaba, tetas rebotando, sus manos apretando mi culo. El slap slap de piel contra piel, mis gemidos altos, su respiración entrecortada. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos mezclados, el aire espeso. Sentía cada vena de su verga frotando mis paredes, el roce en mi G-spot building la tensión como un loop infinito.
Inner struggle: ¿Y si nos cachan? Pero no mames, esto es demasiado bueno, pensé, mientras él me volteaba, poniéndome a cuatro. Entró por atrás, profundo, sus bolas golpeando mi clítoris. Me jalaba el pelo suave, azotando mi culo con palmadas que ardían y excitaban. Try catch java, jadeaba él, catch tu orgasmo. La presión crecía, mis piernas temblando, visión borrosa.
Acto tres: la liberación. Explosé primero, un orgasmo que me sacudió entera, paredes contrayéndose alrededor de su verga, chorros mojando sus muslos. Grité su nombre, ¡Javier, cabrón!, el placer cegador, pulsos en cada nervio. Él siguió embistiendo, gruñendo, hasta que se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo colapsando sobre el mío.
Nos quedamos así, jadeando, pieles pegadas por sudor, el corazón latiéndole contra mi espalda. Besos suaves en mi hombro, su mano acariciando mi vientre. El olor a sexo impregnaba todo, mezclado con el café frío olvidado.
El mejor bloque try catch java de mi vida, murmuró riendo bajito. Sonreí, satisfecha, el afterglow envolviéndonos como una manta tibia.
Nos vestimos despacio, robándonos besos, prometiendo más noches de código y pasión. Salimos a la calle, el aire fresco de la noche mexicana acariciando nuestras caras sonrojadas, taxis pitando lejitos. En mi mente, el código ya no era problema; era el inicio de algo chido, consensual y ardiente. Javier me tomó la mano, y caminé con él, el eco del placer aún vibrando en mi cuerpo.