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Imágenes de Tríos Sexuales que Despiertan el Fuego (1)

6784 palabras

Imágenes de Tríos Sexuales que Despiertan el Fuego

Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba sola en la cama, con mi laptop abierta, curioseando en la red. Neta, no sé qué me dio, pero tecleé "imágenes de tríos sexuales" y de repente mi pantalla se llenó de fotos que me pusieron la piel chinita. Cuerpos entrelazados, manos por todos lados, miradas de puro deseo. El corazón me latía a mil, sentía un calorcito entre las piernas que no paraba.

Me imaginé ahí, en medio de eso, con mi carnal Marco y alguien más. Marco, mi novio desde la uni, siempre ha sido abierto, un wey chido que no se escandaliza por nada. Cerré la laptop de un jalón cuando oí la llave en la puerta. Él entró con una chela en la mano, sudado del gym, oliendo a hombre fresco y sudor mezclado.

¿Y si le cuento? ¿Se va a prender o me va a decir pendeja?

—Oye, Marco, ven pa'cá —le dije, jalándolo a la cama—. Mira lo que encontré.

Abrí la laptop de nuevo y le mostré las imágenes de tríos sexuales. Sus ojos se abrieron como platos, pero no de sorpresa mala, sino de esa que enciende. Se sentó a mi lado, su muslo rozando el mío, y empezó a pasar las fotos una por una.

Órale, Ana, esto está cañón. ¿Tú qué, te late?

Yo asentí, sintiendo mi cara ardiendo, pero el deseo más fuerte. Esa noche follamos como nunca, imaginando esas escenas, pero al día siguiente, la idea no se me quitó. Le propuse invitar a Luis, un amigo nuestro de la prepa, soltero y guapísimo, con ese tatuaje en el pecho que siempre me ha gustado mirar de reojo.

Marco se quedó callado un rato, pero luego sonrió pícaro.

—Si es lo que quieres, mi reina, yo me apunto. Pero todo en confianza, ¿eh?

Le mandamos un mensaje a Luis esa misma tarde. "Wey, ¿te late venir a una chelita? Tenemos una propuesta interesante". Él contestó al tiro: "¡Chido! ¿Cuándo?".

La espera fue eterna. Los días siguientes fueron puro juego mental. Marco y yo nos la pasábamos coqueteando con la idea, tocándonos más de lo normal, susurrando guarradas al oído. "Imagina las manos de Luis en tus chichis", me decía él mientras me chupaba el cuello, su aliento caliente contra mi piel. Yo me mojaba nomás de pensarlo, el olor de mi propia excitación llenando el cuarto.

Luis llegó el viernes por la noche, con una botella de tequila y esa sonrisa de galán que derretía. Nos sentamos en el sofá, con música de Natalia Lafourcade de fondo bajita, y las chelas fluyendo. Hablamos de todo, de la vida, del trabajo, hasta que Marco soltó la bomba.

—Mira, carnal, vimos unas imágenes de tríos sexuales que nos prendieron. ¿Tú cómo ves unirte a la fiesta?

Luis se rió nervioso al principio, pero sus ojos brillaban. Miró hacia mí, y sentí su mirada como una caricia.

Neta? Si Ana está de acuerdo, yo no soy pendejo pa' decir que no.

Yo me paré, sintiendo el pulso en las sienes, y me acerqué a los dos. Tomé la mano de Marco primero, luego la de Luis. Sus palmas eran cálidas, ásperas de tanto gym. Los jalé al cuarto, donde la cama nos esperaba con sábanas frescas y velas encendidas que olían a vainilla y jazmín.

Empezamos despacio, con besos. Marco me besó primero, su lengua familiar explorando mi boca, sabor a tequila y menta. Luego giré hacia Luis, y madre mía, su beso fue más salvaje, barba raspándome la barbilla, manos grandes en mi cintura. Sentía sus corazones latiendo contra mi pecho, el roce de sus camisetas contra mi blusa ligera.

Esto es real, no son solo imágenes. Siento todo: el calor, los jadeos, el deseo crudo.

Me quitaron la ropa con calma, reverencia casi. Marco desabrochó mi brasier, liberando mis tetas, y Luis gimió bajito al verlas. Sus bocas se turnaron en mis pezones, chupando, mordisqueando suave. El sonido de sus lenguas húmedas, mis gemidos ahogados, el crujir de la cama. Olía a piel caliente, a loción de Marco y colonia de Luis mezcladas con mi aroma de mujer cachonda.

Yo no me quedé atrás. Les bajé los pants, liberando sus vergas duras. La de Marco, gruesa y conocida; la de Luis, más larga, palpitando en mi mano. Las acaricie juntas, piel suave sobre venas hinchadas, el calor subiendo por mis brazos. Me arrodillé, probando primero una, luego la otra. Sabor salado, musk de excitación, sus gruñidos roncos llenando el aire.

La tensión crecía como una tormenta. Marco me recostó, abriéndome las piernas, mientras Luis me besaba la boca. Sentí la lengua de Marco en mi concha, lamiendo despacio, círculos en el clítoris que me hacían arquear la espalda. Luis bajó a mis tetas, succionando fuerte. El placer era doble, triple, oleadas que me nublaban la vista. Qué chido, pensé, esto es mejor que cualquier imagen.

Cambiaron posiciones. Luis se puso debajo de mí, su verga hundiéndose en mi interior centímetro a centímetro. Llenura total, estirándome delicioso, el roce interno enviando chispas. Marco se arrodilló detrás, untando lubricante frío que me erizó la piel. Su dedo primero, explorando mi culo, luego su verga, empujando suave. Dolor placero al principio, luego puro éxtasis cuando entraron los dos.

Me moví entre ellos, ritmos sincronizados. El slap de piel contra piel, jadeos entrecortados, sudor chorreando por espaldas. Oía mis propios gritos: "¡Sí, cabrones, así!". Sentía cada pulso, cada contracción, olores intensos de sexo puro. Luis gemía en mi oído, "Estás tan rica, Ana", Marco gruñía detrás, manos apretando mis caderas.

El clímax llegó como avalancha. Primero yo, explotando en espasmos que ordeñaban sus vergas, visión borrosa, grito gutural. Luis se vino segundos después, caliente dentro de mí, llenándome. Marco último, profundo en mi culo, su calor derramándose. Colapsamos en un enredo de miembros, respiraciones agitadas, piel pegajosa de sudor y fluidos.

Nos quedamos así un rato, acariciándonos flojo. El cuarto olía a sexo satisfecho, velas parpadeando tenues. Luis besó mi frente, Marco mi hombro.

Qué pedo, weyes, eso fue épico —dijo Luis riendo bajito.

Yo sonreí, exhausta pero plena. Esas imágenes de tríos sexuales habían sido el detonante, pero lo real superaba todo. Nos levantamos por chelas frías, charlando como si nada, pero con una conexión nueva, más íntima.

Desde esa noche, nuestra relación se volvió más ardiente, más abierta. A veces volvemos a ver esas imágenes, pero ya no como fantasía, sino como recuerdo vivo. Neta, la vida es pa' vivirse así, con pasión desatada y confianza total.

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